Cómo hablar con tu pareja de lo que quieres en la cama
A la mayoría de las parejas les resulta más fácil hacer cosas juntas que hablar de ellas. Decir en voz alta lo que te gustaría, o lo que te gustaría probar, puede dar miedo: ¿y si tu pareja dice que no, o piensa peor de ti? Así puedes hacer que esa conversación sea más fácil, e incluso divertida.
Por qué cuesta tanto
Hablar de deseo junta dos miedos: el miedo al rechazo y el miedo a que tu pareja sienta que estaba haciendo algo mal. Normalmente ninguno de los dos es cierto. La mayoría de la gente siente alivio cuando su pareja abre la puerta, porque así también puede decir lo que quiere.
Ayuda recordar que querer algo no es una exigencia. “Me da curiosidad…” es una invitación que tu pareja puede aceptar, cambiar o rechazar.
Elige bien el momento
- No en mitad del momento. Un comentario sobre la marcha puede sonar a crítica. Funciona mejor un momento tranquilo y sin relación: un paseo, una mañana perezosa, un viaje en coche.
- No justo después de una decepción. Si algo no salió bien, espera un día. Empieza por lo que te gusta, no por lo que falló.
- Mejor lado a lado que cara a cara. A mucha gente le resulta más fácil hablar mientras camina o cocina, sin un contacto visual intenso.
Empieza por lo que ya te encanta
Empieza por algo concreto que te guste de vuestra intimidad. Crea un tono cariñoso y le dice a tu pareja que esto va de sumar, no de corregir.
Prueba: “Me encanta cuando tú… He pensado que también estaría bien probar algo nuevo juntos. ¿Te lo cuento?”
Usa un lenguaje curioso y abierto
- “Me da curiosidad…” en vez de “quiero que tú…”
- “¿Te apuntarías a…?” en vez de “¿por qué nunca…?”
- “¿Qué te gustaría probar a ti?” Dale a tu pareja el mismo espacio que pides tú.
Pon fácil el “no”
Una conversación sobre deseo solo funciona si los dos os sentís libres de decir que no sin que se convierta en un drama. Dilo claramente: “Si no es lo tuyo, no pasa nada. Solo quería compartirlo.” Paradójicamente, poner fácil el “no” es lo que hace más probable el “sí”; a nadie le gusta sentirse acorralado.
Un término medio útil es el “quizás”: algo que te plantearías con el ambiente adecuado, el ritmo adecuado o alguna condición. La mayoría de las cosas nuevas empiezan siendo un quizás.
Acordad unas reglas sencillas
- Cualquiera de los dos puede pausar o parar lo que sea, en cualquier momento, sin dar explicaciones.
- Probar algo una vez no obliga a repetirlo.
- Hablad después de cómo fue, con cariño: qué os gustó y qué cambiaríais.
Si hablar sigue siendo raro, jugad primero
Los juegos quitan presión. Una ronda de “¿qué prefieres?” o una lista de preguntas para haceros puede sacar deseos a la luz sin que nadie tenga que empezar la conversación. Reírse juntos es una gran forma de empezar.
Otra opción es escribirlo cada uno por su lado y comparar. Cada uno marca ideas con sí, quizás o no, y luego miráis solo las que los dos habéis marcado con sí o quizás. Nadie tiene que decir su “no” en voz alta, y nadie se queda con un “sí” en solitario. Para empezar, usad nuestra lista sí, no, quizás para imprimir.
Así es exactamente como funciona La Brasa
En La Brasa, cada uno valora ideas en privado, de suave a ardiente, al nivel que elija. Una carta solo aparece a los dos cuando los dos la queréis. Tu pareja nunca ve lo que dejaste pasar. A partir de ahí podéis planearla para esta noche, para el fin de semana o para algún día, y contar qué tal fue.
Convierte la conversación más difícil en la más fácil: ya sabéis que los dos lo queréis.
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